Las Migas - Cuatro Portada CD

Las Migas son cuatro mujeres músicas, guerreras y viajeras.

Quince años después de su fundación, ellas son ya un pequeño clásico del flamenco más femenino, valiente y alegre, con una nominación a los Latin Grammy en su haber y escapadas como las que este año configuran su espectacular world tour, con visitas a ciudades como Bogotá, Buenos Aires, Praga, Viena, Londres o Malmö, entre otras muchas citas.

Con un nuevo disco, CUATRO, en el que incorporan texturas electrónicas a la vez que se reencuentran con las sonoridades flamencas sus inicios, Las Migas celebran estos quince años con un espectáculo que quiere rendir homenaje a todas las que alguna vez fueron Migas y las que algún día lo serán. Siguen siendo valientes, descaradas, jóvenes y continúan esa lucha por encontrar la belleza en cada detalle.

Roser Loscos es de Lleida (violín), Marta Robles de Sevilla (composición y guitarra), Alicia Grillo de Córdoba (guitarra) y Carolina Fernández «La Chispa» de Mérida (voz y baile).

Unen el arte de sus respectivas tierras con la aportación personal de cada una, creando un mundo maravilloso, mágico y abierto al mundo.

La música de Las Migas tiene el color de una tarde que se desangra. Huele a trigo recién
cortado. Y sabe a pan recién hecho. Lo sé porque lo he sentido. Lo sé porque he caminado por
la besana cuando el sol muere más al norte. Era muy niño y por entonces los recuerdos tienen
colores, huelen, saben, y se alojan en el desván del corazón donde custodiamos las primeras
sensaciones. Acompañaba a mi tía y a otras mujeres que repasaban con sus hoces las espigas
allí donde no llegaban las máquinas cosechadoras, con una precisión tan escrupulosa que
parecieran estar cortando las uñas a sus niñas chicas, ataviadas con pantalones, delantales,
guantes en las manos, el pelo recogido bajo un pañuelo abrochado al cuello, y la cabeza
cubierta por un sombrero de paja con las alas abiertas como cigüeñas. Todas llevaban un
hatillo donde guardar un puñado de granos para moler al llegar a casa y, en venganza, hacer el
pan del mismo trigo que le había arañado las manos. Cuando escucho a Las Migas, no puedo
evitar cerrar los ojos y acordarme de aquellas mujeres que se levantaban antes que el sol para
amasar harina de madrugada. De ellas admiraba cómo se reían insolentes desde temprano
para desafiar a la durísima jornada que se les venía encima. Y cómo se ayudaban solidarias
para ir todas a una, mantenerse juntas a la misma altura del surco, conversando con la espalda
encorvada, sin tregua, hasta caer la tarde y volver caminando a casa, derrengadas pero sin
perder las ganas de vivir. Las Migas están hechas de la misma harina que aquellas mujeres. De
su misma sonrisa. De su misma resistencia. De su misma rebeldía íntima. De su mismo cuidado.
De sus mismas esperanzas. Por eso su música tiene el color de una tarde que se desangra.
Huele a trigo recién cortado. Y sabe a pan recién hecho. A los ojos de un niño como yo.

Antonio Manuel
Andalucía, otoño 2019.